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Resurrección de Jesús

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Topic Elements

Notas

Véase también





Historicidad y origen de la narrativa


La historicidad y el origen de la resurrección de Jesús ha sido objeto de investigación y debate históricos así como un tema de discusión entre los teólogos. Los relatos de los Evangelios incluyendo la tumba vacía y las apariciones de Jesús resucitado a sus seguidores han sido interpretados y analizados de diversas maneras: como relatos históricos de un evento literal como relatos precisos de experiencias visionarias como parábolas escatológicas no literales y como fabricaciones de escritores cristianos primitivos entre varias otras interpretaciones. Algunas hipótesis son por ejemplo que Jesús no murió en la cruz que la tumba vacía fue el resultado de que el cuerpo de Jesús fue robado o (como era común con las crucifixiones romanas) que Jesús nunca fue sepultado. Los historiadores posteriores a la Ilustración trabajan con el naturalismo metodológico lo que les impide establecer milagros como hechos históricos objetivos.

Según R. A. Burridge el consenso mayoritario entre los eruditos bíblicos es que el género de los Evangelios es una especie de biografía antigua y no un mito. E. P. Sanders argumenta que un complot para fomentar la creencia en la Resurrección probablemente habría resultado en una historia más consistente.


Como acontecimiento histórico

Sanders sostiene que un complot concertado para fomentar la creencia en la resurrección probablemente habría dado lugar a una historia más coherente y que algunos de los que participaron en los acontecimientos dieron sus vidas por sus creencias. Sanders ofrece su propia hipótesis afirmando que: «parece haber sido una competición: ‹Yo lo vi› ‹yo también› ‹las mujeres lo vieron primero› ‹no yo lo hice; ellos no lo vieron en absoluto› y así sucesivamente». En la defensa de la historicidad de la resurrección Sanders va aún más allá: «Que los seguidores de Jesús (y más tarde Pablo) tuvieron experiencias de resurrección es a mi juicio un hecho. Lo que en realidad dio origen a las experiencias es algo que desconozco».

Dunn escribe que mientras que la experiencia de la resurrección del apóstol Pablo era «de carácter visionario» y «ni material ni físico» los relatos en los Evangelios son muy diferentes. Sostiene que «el ‹realismo masivo› de las apariciones [de los Evangelios] sólo pueden ser descritas como visionarias con grandes dificultades; y ciertamente rechazar la descripción de Lucas no es apropiado» y que la primera concepción de la resurrección en la comunidad cristiana de Jerusalén era física.

Wright argumenta que el relato de la tumba vacía y las experiencias visionarias apuntan hacia la realidad histórica de la resurrección. Él sugiere que las múltiples líneas de evidencia del Nuevo Testamento y las creencias de los primeros cristianos reflejadas demuestran que sería muy poco probable que la creencia en la tumba vacía simplemente apareciera sin una base clara en la memoria de los primeros cristianos. A la par de las experiencias visionarias ciertamente históricas de los primeros discípulos y apóstoles la resurrección de Jesús como una realidad histórica se convierte en mucho más plausible. Wright trata la resurrección como un evento histórico y accesible en lugar de como un evento «sobrenatural» o «metafísico».


Como metáfora

Sheehan afirma que incluso el relato de Pablo de la resurrección no está destinado a ser tomado como una referencia a un levantamiento de la tumba literal o físico y que las historias de una resurrección corporal no aparecieron hasta mucho después tanto como la mitad de un siglo después de la crucifixión. En cambio cree que el entendimiento de Pablo (y tal vez Pedro) de la resurrección era metafísico así como las historias de la figurativa resurrección de Cristo reflejando su triunfante «entrada a la presencia escatológica de Dios» y que la referencia de Pablo a Cristo resucitando «al tercer día» (1 Corintios 15:4) «no es una designación cronológica sino un símbolo apocalíptico para el escatológico acto salvífico de Dios que estrictamente hablando no tiene fecha en la historia. Así el ‹tercer día› no se refiere al domingo 9 de abril de 30 d. C. o para cualquier otro momento en el tiempo. Y en cuanto al ‹lugar› donde se produjo la resurrección la fórmula en 1 Corintios no afirma que Jesús resucitó de la tumba como si el levantamiento fuera una resurrección física y por lo tanto temporal. Sin estar comprometido con ningún física sobrenatural de la resurrección la frase ‹que resucitó al tercer día› simplemente expresa la creencia de que Jesús fue rescatado de la suerte de ausencia absoluta de Dios (la muerte) y fue admitido a la presencia salvadora de Dios (el futuro escatológico)».


Otras cuestiones e interpretaciones


Historicidad de la tumba vacía

Kirby afirma que «muchos estudiosos dudan de la historicidad de la tumba vacía».[n. 5]​ Price añade que «[a] los apologistas [cristianos] les encanta hacer la afirmación que [...] la resurrección de Jesús es el mejor evento atestiguado en la historia» pero «los argumentos probabilísticos» muestran que «la resurrección es cualquier cosa menos un caso evidente». Cavin afirma que: «nuestras únicas fuentes de las posibles pruebas las tradiciones de Pascua neotestamentarias están muy lejos de proporcionar el tipo de información necesaria para establecer la hipótesis de la resurrección».[n. 6]​

Carrier señala que: «La evidencia sobreviviente jurídica e histórica sugiere que Jesús no fue enterrado formalmente la noche del viernes ‹pero que› tenía que haber sido colocado el sábado por la noche en un cementerio público especial reservado para los condenados. En esta teoría las mujeres que visitaron la tumba domingo por la mañana confundieron su lugar». Habermas sin embargo advierte que esa afirmación carece de bases sólidas que expliquen la posibilidad de un entierro el día sábado posterior a la fiesta del Pésaj (algo improbable en el contexto judío de la época) y la posterior confusión de ubicación ya que el sitio era de total conocimiento para las autoridades (fuese una fosa común o una tumba excavada en roca). En ese contexto por lo tanto el paradero del cuerpo sería detectable y podría exhibirse (en última instancia) ante la proclamación de los discípulos de que Jesús había resucitado. ​ Crossan considera que es viable la evidencia existente de un entierro individual para Jesús por lo cual las mujeres piadosas no podrían haberse equivocado de tumba deliberadamente.

Por otro lado está el hecho de la plausibidad del relato sobre el entierro en el sepulcro del sanedrita José de Arimatea. Ehrman reconoce que: «Algunos estudiosos han argumentado que es más plausible que de hecho Jesús fue colocado en un terreno de entierro común (que en ocasiones ha pasado) o fue como muchas otras personas crucificadas simplemente dejada para ser comido por los animales carroñeros». Él va más allá al decir: «[L]os relatos son bastante unánimes en decir (los primeros relatos son unánimes en decir) que Jesús fue de hecho enterrado por su seguidor José de Arimatea por lo que es relativamente fiable que esto es lo que haya sucedido». Sin embargo posteriormente cambió de opinión afirmando que parte del castigo de crucifixión era que el cuerpo terminara «descomponiendo[se] y sirviendo como alimento para los animales carroñeros» es decir sin un entierro decente. Pese a ello Habermas estima que el 75% de los estudiosos del Nuevo Testamento concuerdan en la existencia de una tumba vacía mientras que el 25% restante la rechaza.


Paralelos con otros relatos de muerte y resurrección

Price señala la existencia otras figuras históricas y dioses con relatos similares sobre la muerte y resurrección. ​[n. 7]​ Añade que si la resurrección pudiera demostrarse a través de la ciencia o la evidencia histórica el evento perdería sus cualidades milagrosas.


Comprensión de la «resurrección» en el cristianismo primitivo

Wright señala que «No puede haber ninguna duda: Pablo es un firme creyente de la resurrección corporal. Se pone de pie con sus compatriotas judíos en contra de las filas congregadas de los paganos; con sus compañeros fariseos en contra de los judíos». Según Gary Habermas «muchos otros estudiosos han hablado en apoyo de una noción corporal de la resurrección de Jesús». Habermas también señala tres hechos en apoyo de la creencia de Pablo de un resurrección corporal y física: (1) Pablo era un fariseo y por lo tanto (a diferencia de los saduceos) creía en una resurrección física (2) en Filipenses 3:11 Pablo dice: «si en alguna manera llegase a la exanastasin (resurrección) de entre los muertos» que según Habermas significa que «lo que va hacia abajo es lo que viene». Y (3) en Filipenses 3:20-21 «esperamos al Salvador al Señor Jesucristo; el cual transformará el sōma (cuerpo) de la humillación nuestra para que sea semejante al sōmati (cuerpo) de la gloria suya». Según Habermas si Pablo quería decir que íbamos a cambiar en un cuerpo espiritual entonces habría utilizado el griego pneuma en lugar de sōma.

Vermes llega a la conclusión de que hay ocho posibles teorías para explicar la resurrección de Jesús exponiéndolas de la siguiente manera:

He omitido los dos extremos que no son susceptibles de juicio racional la fe ciega del creyente fundamentalista y el rechazo del escéptico empedernido fuera de alcance. Los fundamentalistas aceptan la historia no como está escrita en los textos del Nuevo Testamento sino reformada transmitida e interpretada por la tradición de la Iglesia. Ellos alisan las asperezas y se abstienen de hacer preguntas tediosas. Los no creyentes a su vez tratan a toda la historia de la Resurrección como el producto de la imaginación de los primeros cristianos. La mayoría de los investigadores con un conocimiento superficial de historia de las religiones se encontrarán entre estos dos polos.
A partir de su análisis Vermes presenta las seis restantes posibilidades para explicar el relato de la resurrección de Jesús: (1) «El cuerpo fue retirado por alguien ajeno a Jesús» (2) «el cuerpo de Jesús fue robado por sus discípulos» (3) «la tumba vacía no era la tumba de Jesús» (4) «Enterrado vivo Jesús más tarde salió de la tumba» (5) «Jesús se recuperó de un coma y se fue de Judea» y (6) «la posibilidad de que hubiera una ‹resurrección espiritual no corporal›». Vermes establece que ninguna de estas seis posibilidades es susceptible a ser histórica.


Relatos extrabíblicos



Evangelios apócrifos

Los evangelios apócrifos que desarrollan más ampliamente el tema de la resurrección son el Evangelio de Pedro y otros «Evangelios de la pasión y resurrección» el Evangelio de María (con los diálogos entre Jesús y María Magdalena tras la resurrección) y otros «Diálogos del resucitado» de carácter gnóstico. ​


El Libro de Mormón

El Libro de Mormón contiene un relato de 37 páginas del ministerio de Cristo después de su resurrección en el que se aparece a los nefitas y los lamanitas en las Américas después de levantarse de la tumba y ascender al cielo. Se aparece a la gente y les permite sentir las marcas de los clavos en sus manos y pies. Él les predica el evangelio y establece su iglesia. Cristo lleva a cabo muchos milagros similares a los del Nuevo Testamento.

El relato afirma que cerca de 2500 varones mujeres y niños vieron y escucharon a Jesucristo resucitado.


Otras apariciones

Joseph Smith registró una experiencia en la que vio al resucitado Jesucristo y a Dios Padre en la primavera de 1820; su experiencia se conoce hoy en día como la Primera Visión.

En 1832 Joseph Smith y Sidney Rigdon escribieron un relato en el que ambos afirmaron haber visto a Jesucristo resucitado. Ellos escribieron: «Y ahora después de los muchos testimonios que se han dado de él éste es el testimonio último de todos que nosotros damos de él el que vive; porque lo vimos incluso a la diestra de Dios y oímos una voz testificando que él es el Unigénito del Padre».


Posiciones de otras religiones


Grupos como judíos musulmanes los bahá'ís y otros no cristianos así como algunos cristianos liberales discuten sobre si Jesús realmente fue resucitado de entre los muertos. Las discusiones sobre las reivindicación sobre la muerte y la resurrección se producen en muchos debates religiosos y diálogos interconfesionales.


Gnósticos

Algunos gnósticos no creían en una resurrección física literal. «Para los gnósticos cualquier resurrección de los muertos fue excluida desde el principio; la carne o sustancia estaba destinada a perecer. ‹No hay resurrección de la carne sino sólo del alma› decían los denominados arcontes un grupo gnóstico tardío de Palestina».


Judaísmo

El cristianismo se separó del judaísmo en el siglo I y las dos religiones han diferido en su teología desde entonces. De acuerdo con el Toledot Yeshu el cuerpo de Jesús fue removido en la misma noche por un jardinero llamado Judá después de oír a los discípulos planificar robar el cuerpo de Jesús. Sin embargo el Toledot Yeshu no es considerado canónico o normativo dentro de la literatura rabínica. Van Voorst afirma que el Toledot Yeshu es un conjunto de documentos medievales y sin una forma fija desde el cual es «muy improbable» disponer de información fiable acerca de Jesús. The Blackwell Companion to Jesus establece que el Toledot Yeshu no tiene hechos históricos como tales y acaso se creó como una herramienta para protegerse de las conversiones al cristianismo.


Islam

Los musulmanes creen que ʿĪsā hijo de Maryām (María) fue un santo profeta con un mensaje divino. La perspectiva islámica es que Jesús no fue crucificado y volverá al mundo al final de los tiempos; «y por haber dicho: «‹Hemos dado muerte al Ungido Jesús hijo de María el enviado de Alá› siendo así que no le mataron ni le crucificaron sino que les pareció así. Los que discrepan acerca de él dudan. No tienen conocimiento de él no siguen más que conjeturas. Pero ciertamente no le mataron sino que Alá lo elevó a Sí. Alá es poderoso sabio» (Sura 4:157-158).


Bahaísmo

`Abdu'l-Bahá enseñó que la resurrección de Cristo fue una resurrección espiritual y que los relatos en los Evangelios son parábolas. Escribió: «Nosotros explicamos por lo tanto el significado de la resurrección de Cristo de la siguiente manera: Después del martirio de Cristo los Apóstoles estaban perplejos y consternados. La realidad de Cristo la cual consiste en Sus enseñanzas Sus bondades Sus perfecciones y Su poder espiritual fue escondida y oculta durante dos o tres días después de su martirio y no tenía ninguna apariencia externa o manifestación; de hecho parecía estar perdida por completo. Para aquellos pocos en número que creían de verdad; incluso los pocos estaban perplejos y consternados. La causa de Cristo estuvo así como un cuerpo sin vida. Después de tres días los Apóstoles se convirtieron en firmes y constantes surgieron para ayudar a la causa de Cristo resolvieron promover las enseñanzas divinas y practicar las advertencias de su señor y se han esforzado por servirlo. Entonces surgió luminosa la realidad de Cristo resplandeciendo su gracia a otro encontrando una nueva vida en su religión y sus enseñanzas y amonestaciones se ponen de manifiesto y son visibles. En otras palabras la causa de Cristo que era semejante a un cuerpo sin vida fue llevada a la vida y rodeada por la gracia del Espíritu Santo».

Los bahá'ís creen que la afirmación del Corán significa que el Espíritu de Jesús no murió en la cruz; sin embargo los bahá'ís defienden que Jesús fue realmente crucificado en la carne.


En el arte cristiano



Simbolismo paleocristiano

El arte paleocristiano fuertemente simbólico tuvo en el triunfo sobre la muerte uno de sus principales motivos. En el periodo de las persecuciones el tema de la resurrección (trascendental para una comunidad que venera a sus mártires) se aludía a través de los pasajes bíblicos que se consideraban alegóricos de ella como el de Daniel en el foso de los leones. ​ Con la cristianización del Imperio romano ​ el arte cristiano pasó a desarrollarse pública y monumentalmente y el tema de la resurrección se expresó en formas derivadas de la civilización romana: tanto en el crismón (evolución del lábaro imperial transformado en cruz por el In hoc signo vinces del sueño que Constantino tuvo antes de la batalla del puente Milvio -en sus monedas aparece ese lábaro-crismón venciendo a una serpiente-) ​ como en el ábside de las basílicas (donde se reproduce la forma del arco de triunfo).

La cruz deja de ser un simple instrumento de tortura para convertirse en un símbolo de triunfo sobre la muerte que recuerda al cristiano la resurrección de Cristo y la promesa de su segunda venida.

Un sarcófago procedente de la catacumba de Domitila (ca. 350) es uno de los primeros ejemplos del uso del crismón como crux invicta ("cruz invicta" o cruz triunfante) en contextos funerarios como símbolo de la resurrección y triunfo sobre la muerte (rodeada por una corona de laurel uno de los elementos del triunfo romano). A sus pies dos soldados hacen referencia a los que custodiaban el sepulcro de Cristo. ​ Posteriormente en la Edad Media se generalizó el uso de la cruz funeraria.

La crux gemmata ​ ("cruz de gemas" o enjoyada) reproduce la cruz monumental de oro y piedras preciosas que Constantino mandó levantar en el monte Calvario de Jerusalén y que se reproduce en el mosaico del ábside de la basílica de Santa Pudenciana de Roma.


Tema pictórico y escultórico

En pintura la convención iconográfica fijada desde el Gótico ​ para el tema de la resurrección incluye la presencia de soldados dormidos (ocasionalmente despiertos y asombrados -mezclando anacrónicamente su actitud en el momento de la resurrección con la de la aparición del ángel tal como se describe en el evangelio de Mateo-) en torno a la tumba abierta de Cristo de la que surge su figura semidesnuda (envuelta en su sudario) elevándose milagrosamente rodada de un halo luminoso y portando un estandarte de la cruz.

Hay excelentes ejemplos de representaciones pictóricas de la Resurrección tanto en el Renacimiento italiano (La resurrección de Cristo de Piero della Francesca La resurrección de Cristo de Rafael) como en el Renacimiento nórdico (una de las tablas del Altar de Isenheim de Grünewald) en el Manierismo (La resurrección de Cristo de El Greco) o en el Barroco (La resurrección de Cristo de Rubens).

En escultura la iconografía de la resurrección es similar aunque en el caso del Cristo de la Minerva de Miguel Ángel (que se suele denominar como "Cristo redentor") se optó por representar a Cristo resucitado completamente desnudo y abrazando la cruz como símbolo de su victoria tanto sobre la muerte como sobre el pecado. ​

Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Resurrección de Jesús.
No debe confundirse el tema artístico de la resurrección con otros con los que puede tener alguna similitud formal o conceptual: la transfiguración (que refleja un episodio evangélico anterior a la muerte de Cristo en el que la figura de Cristo se ilumina) la ascensión (que refleja uno posterior en el que Cristo asciende al cielo ante la vista de sus discípulos) la anastasis Aναστασις ("resurrección" en griego término que como tema artístico se refiere a la visita de Cristo al limbo -descenso de Cristo a los infiernos- entre la resurrección y la ascensión). Algunos otros temas iconográficos participan de elementos de la resurrección y de otros episodios como los denominados Varón de dolores o Cristo de las cinco llagas (donde junto a un Cristo resucitado aparecen tanto elementos de la resurrección como las arma Christi -instrumentos de la Pasión-) y las denominadas Cristo muerto sostenido por ángeles.


Resurrección corporal o física



Pablo y los Evangelios

James Ware sostiene principalmente a partir de la terminología de Pablo y la comprensión contemporánea judía pagana y cultural de la naturaleza de la resurrección que Pablo sostuvo un cuerpo físicamente resucitado (sōma) restaurado a la vida pero animado por el espíritu (pneumatikos) en lugar de alma (psuchikos) de la misma forma que los relatos evangélicos. La naturaleza de este cuerpo resucitado es un tema de debate. En 1 Corintios 15:44 Pablo usa la frase «cuerpo espiritual» (sōma pneumatikos) término que ha sido interpretado como «cuerpo potenciado por el Espíritu» pero también como un «cuerpo celestial» hecho de un material más fino que la carne. En la Epístola a los Filipenses Pablo describe cómo el cuerpo del Cristo resucitado es completamente diferente al que llevaba cuando tenía «la condición de hombre» (Filipenses 2:8) y sostiene un similar estado glorificado (Cristo «transformará el cuerpo de la humillación nuestra» en Filipenses 3:21) como la meta de la vida cristiana: «la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios» (1 Corintios 15:50) y los cristianos que entren al reino estarán desechando «el cuerpo pecaminoso carnal» (Colosenses 2:11).

Pablo se opuso a la noción de una resurrección puramente espiritual como lo propagaron algunos cristianos en Corinto que aborda en 1 Corintios. Sus opiniones sobre una resurrección corporal iban en contra de los pensamientos de los filósofos griegos para quienes una resurrección corporal significaba un nuevo encarcelamiento en un cuerpo corpóreo que era lo que querían evitar dado que para ellos lo corpóreo y lo material encadenaban el espíritu. La tradición evangélica en desarrollo a su vez enfatizó los aspectos materiales para contrarrestar cualquier interpretación espiritual.

Dunn señala que hay una gran diferencia entre la aparición de la resurrección de Pablo y las apariencias descritas en los Evangelios. Donde «la visión de Pablo fue visionaria [...] desde el cielo»; en contraste los relatos evangélicos tienen un «realismo masivo» dentro de ellos: «el ‹realismo masivo› de [...] las apariciones [evangélicos] en sí mismas solo puede describirse como visionario con gran dificultad y Lucas ciertamente rechazaría esadescripción como inapropiada». Según Dunn la mayoría de los estudiosos explican esto como una «materialización legendaria» de las experiencias visionarias «tomando prestados los rasgos del Jesús terrenal». Sin embargo según Dunn había «una tendencia a alejarse de lo físico [...] y una tendencia inversa a lo físico». La tendencia hacia lo material es más clara pero también hay signos de la tendencia a alejarse de lo físico y «hay algunos indicios de que una comprensión más física era actual en la primera comunidad de Jerusalén».


La tumba vacía

La tumba vacía y las apariciones posteriores a la resurrección nunca se coordinan directamente para formar un argumento combinado. Si bien la coherencia de la narración de tumbas vacías es cuestionable es «claramente una tradición temprana». Vermes rechaza la interpretación literal de la historia como prueba de la resurrección y también señala que la historia de la tumba vacía está en conflicto con las nociones de una resurrección espiritual. Según Vermes «[el] vínculo estrictamente judío de espíritu y cuerpo está mejor representado por la idea de la tumba vacía y sin duda es responsable de la introducción de las nociones de palpabilidad (Tomás en Juan) y de comer (Lucas y Juan)».

Según Raymond E. Brown el cuerpo de Jesús fue enterrado en una nueva tumba por José de Arimatea de acuerdo con la Ley Mosaica que establecía que no se debe permitir que una persona colgada en un árbol permanezca allí por la noche sino que debe ser enterrada antes del anochecer. El historiador del Nuevo Testamento Bart D. Ehrman descarta la historia de la tumba vacía; según Ehrman «una tumba vacía no tenía nada que ver con eso [...] una tumba vacía no produciría fe». Según Ehrman la tumba vacía era necesaria para subrayar la resurrección física de Jesús pero es dudoso que Jesús fuera enterrado por José de Arimatea. Es poco probable que un miembro del Sanedrín hubiera enterrado a Jesús; la crucifixión estaba destinada a «torturar y humillar a una persona lo más completamente posible» y los cuerpos usualmente eran abandonados para que los animales lo comieran; los delincuentes generalmente eran enterrados en fosas comunes; y Pilato no tenía preocupación por las sensibilidades judías lo que hace improbable que hubiese permitido que enterraran a Jesús. Sin embargo el teólogo e historiador inglés N. T. Wright argumenta enfáticamente y extensamente la realidad de la tumba vacía y las apariciones posteriores de Jesús razonando que como cuestión de historia tanto la resurrección corporal como las apariciones corporales posteriores de Jesús son explicaciones mucho mejores que el surgimiento del cristianismo que otras teorías incluidas las de Ehrman.


La resurrección de Jesús


En el Nuevo Testamento los cuatro evangelios concluyen con una narrativa extensa del arresto de Jesús su juicio su crucifixión su sepultura y su resurrección. En cada uno de estos cinco eventos evangélicos en la vida de Jesús son tratados con más intensos detalles que cualquier otra parte de la narrativa de Evangelio. Los estudiosos señalan que el lector recibe prácticamente un relato de hora a hora de lo que está sucediendo. La muerte y la resurrección de Jesús pasan a considerarse como el clímax de la historia el punto en el cual todo se ha ido dirigiendo durante todo el tiempo. ​

Después de su muerte por crucifixión Jesús fue colocado en una tumba nueva que fue descubierta vacía en la madrugada del domingo. El Nuevo Testamento no incluye un relato del «momento de la resurrección». En los iconos de la Iglesia oriental no se representa ese momento pero muestran a las miróforas y representan escenas de la salvación. ​ ​ Las principales apariciones de Jesús resucitado en los evangelios canónicos (y en menor medida en otros libros del Nuevo Testamento) son reportadas como ocurridas después de su muerte sepultura y resurrección pero antes de su ascensión. ​[n. 4]​


Entierro

Los evangelios sinópticos coinciden en que a medida que la noche se acercaba después de la crucifixión José de Arimatea pidió a Pilato el cuerpo de Jesús y después de que Pilato concediera su petición lo envolvió en una sábana y lo pusieron en una tumba. ​ Esto estaba de acuerdo con la ley mosaica que establece que no debe permitirse que una persona colgada en un madero permaneciera allí por la noche sino que debía ser enterrada antes del ocaso. ​

En Mateo José es identificado como un hombre «que también había sido discípulo de Jesús» (Mateo 27:57-61); en Marcos como un «miembro noble del concilio (Sanedrín) que también esperaba el reino de Dios» (Marcos 15:42-47); en Lucas como «miembro del concilio varón bueno y justo. Este que también esperaba el reino de Dios y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos» (Lucas 23:50-56); y en Juan como «discípulo de Jesús» (Juan 19:38-42).

El Evangelio de Marcos dice que cuando José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús Pilato se sorprendió que Jesús ya estuviera muerto y llamó al centurión para confirmar esto antes de dar el cuerpo a José. En el Evangelio de Juan se hace constar que José de Arimatea fue asistido en el proceso de enterramiento por Nicodemo quien llevó una mezcla de mirra y áloe e incluyó estas especias en la ropa de entierro por las costumbres judías (Juan 19:38-42).


El descubrimiento de la tumba

Aunque ningún Evangelio da un registro inclusivo o definitivo de la resurrección de Jesús o sus apariciones hay cuatro puntos en los que convergen los cuatro evangelios: ​

Resaltar el removimiento de la piedra que estaba cerrando la tumba.
La vinculación de la tradición de la tumba vacía y la visita de las mujeres con «el primer día de la semana».
Que el resucitado Jesús eligió primero aparecerse a las mujeres (o a una mujer) y encargarle a ellas (ella) proclamar este hecho tan importante a los discípulos incluyendo a Pedro y los otros apóstoles.
La prominencia de María Magdalena. ​ ​
Las variantes tienen que ver con el momento preciso en el que las mujeres visitaron la tumba; el número y la identidad de las mujeres; el propósito de su visita; la aparición del (los) mensajero(s) ángeles o humanos; su mensaje a las mujeres; y la respuesta de las mujeres. ​

Los cuatro evangelios reportan que las mujeres fueron las primeras en encontrar la tumba vacía de Jesús aunque el número varía de uno (María Magdalena) a un número no especificado. De acuerdo con Marcos y Lucas el anuncio de la resurrección de Jesús fue hecho por primera vez a las mujeres. De acuerdo con Marcos y Juan Jesús realmente se apareció por primera vez (en Marcos 16:9 y Juan 20:14) solo a María Magdalena. ​ En palabras de Stagg: «Mientras que otros encontraban a la mujer como no cualificada o autorizado para enseñar los cuatro Evangelios muestran que el Cristo resucitado encargó a las mujeres anunciar a los hombres entre ellos a Pedro y los demás apóstoles la resurrección el fundamento del cristianismo». ​

En los evangelios especialmente los sinópticos las mujeres desempeñan un papel central como testigos de la muerte de Jesús su sepultura y en el descubrimiento de la tumba vacía. ​ Los tres sinópticos en repetidas ocasiones hablan de las mujeres junto con el verbo «ver» presentándolas claramente como testigos oculares. ​ ​ ​


Las apariciones de Jesús resucitado

Después de descubrirse la tumba vacía los evangelios indican que Jesús hizo una serie de apariciones a los discípulos. Él no era reconocible de inmediato según Lucas. ​ E. P. Sanders llegó a la conclusión de que a pesar de que podría aparecer y desaparecer él no era un fantasma. Lucas es muy insistente en que en palabras de Sanders «el Señor resucitado podía ser tocado y podía comer» (cf. Lucas 24:39-43). Él primero se apareció a María Magdalena pero ella no lo reconoció al principio. Los dos primeros discípulos a los que se apareció caminaron y hablaron con él durante bastante tiempo sin saber quién era (el camino de la aparición de Emaús Lucas 24:13-32). Él se dio a conocer «al partir el pan» (Lucas 24:35). Cuando se apareció por primera vez a los discípulos en el Cenáculo Tomás no estaba presente y no quiso creer hasta una aparición posterior donde fue invitado a poner su dedo en los agujeros en las manos y el costado de Jesús (Juan 20:24-29). Junto al mar de Galilea animó a Pedro a servir a sus seguidores (Juan 21:1-23). Su última aparición sucede como cuarenta días después de la resurrección cuando fue «recibido arriba» en el cielo (Lucas 24:44-53 Hechos 1:1-4) y se sentó a la diestra de Dios (Marcos 16:19 Colosenses 3:1).

En un momento posterior en el camino a Damasco Saulo de Tarso entonces el mayor perseguidor de los primeros discípulos se convirtió al cristianismo después de tener una extraordinaria visión y escuchar a Jesús lo que lo dejó ciego durante tres días (Hechos 9:1-20). Saulo más tarde sería conocido como el apóstol Pablo (Hechos 13:6) ​ uno de los misioneros y teólogos más importantes del cristianismo. ​

Notas



La Pascua


La Pascua la fiesta por excelencia que celebra la resurrección de Jesús es claramente el festival cristiano más antiguo. Desde los primeros tiempos del cristianismo se ha centrado en el acto redentor de Dios en la muerte y resurrección de Cristo. En los Συναξάριον synaxarion y los calendarios litúrgicos de la iglesia ortodoxa se le llama «domingo de las miróforas con el noble José» ​[n. 16]​

La Pascua está vinculada al Pésaj y la salida de Egipto en el Antiguo Testamento a través de la última cena y la crucifixión que precedió a la resurrección. De acuerdo con el Nuevo Testamento Jesús dio a la cena pascual un nuevo significado mientras se preparaba a sí mismo y sus discípulos por su muerte en el aposento alto durante la última cena. Él se identificó en la hogaza de pan y la copa de vino como su cuerpo antes de ser sacrificado y su sangre antes de ser derramada. 1 Corintios 5:7 señala: «Limpiaos pues de la vieja levadura para que seáis nueva masa sin levadura como sois; porque nuestra pascua que es Cristo ya fue sacrificada por nosotros». Esto se refiere a la exigencia pascual de no tener levadura en la casa y en la alegoría de Jesús como el cordero pascual.


Contexto histórico



Judaísmo del Segundo Templo

La idea de la resurrección aparece en los registros biblícos en el Libro de Daniel durante el siglo II a. C. (Daniel 12:1-3) pero es controvertido si se refiere a una resurrección del alma sola ​ o una resurrección concreta (corporal). ​ En todo caso el concepto de resurrección del cuerpo físico se encuentra claramente por primera vez en el judaísmo posbíblico en la historia de la madre y los siete hermanos del Segundo Libro de los Macabeos (2 Macabeos 7). ​

Josefo explica las ideas de las tres sectas judías principales del siglo I: los saduceos sostenían que tanto el alma como el cuerpo perecían al morir; los esenios que el alma era inmortal pero no la carne; y los fariseos que el alma era inmortal y que el cuerpo resucitaría para albergarlo. ​ ​ De estas tres posiciones Jesús y los primeros cristianos parecen haber estado más cerca de los fariseos. ​ Steve Mason señala que para los fariseos «el nuevo cuerpo es un cuerpo especial y santo» que es diferente del viejo cuerpo «una opinión compartida hasta cierto punto por el antiguo fariseo Pablo» (1 Corintios 15:35). ​

Endsjø señala que la evidencia de los textos judíos y de las inscripciones de las tumbas apunta a una realidad más compleja. Por ejemplo cuando el autor del Libro de Daniel del siglo II a. C. escribió que «muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados» (Daniel 12:2) probablemente tenía en mente un renacimiento como seres angelicales (descritos metafóricamente como estrellas en el cielo de Dios; el cielo y las estrellas han sido identificado con los ángeles desde tiempos antiguos). Tal renacimiento descartaría una resurrección corporal ya que se creía que los ángeles no tenían carne. ​ Otros textos van desde la visión tradicional del Antiguo Testamento de que el alma pasaría la eternidad en el inframundo hasta una creencia metafórica en la elevación del espíritu. ​ La mayoría evitó definir qué podría implicar la resurrección pero una resurrección de la carne era una creencia marginal. ​ Lehtipuu señala «la creencia en la resurrección estaba lejos de ser una doctrina establecida del judaísmo del Segundo Templo». ​ Wright explica que en el mundo judío la resurrección «ocurriría al final (de los tiempos)». ​


Civilización grecorromana

Los griegos sostuvieron que un hombre meritorio podía resucitar como un dios (el proceso de apoteosis o divinización) y los sucesores de Alejandro Magno hicieron que esta idea fuera muy conocida en todo el Medio Oriente a través de monedas con su imagen un privilegio previamente reservado para los dioses. ​ La idea fue adoptada por los emperadores romanos y en el concepto imperial romano de apoteosis el cuerpo terrenal del emperador recientemente fallecido era reemplazado por uno nuevo y divino a medida que ascendía al cielo. ​ Los muertos apoteosizados permanecían reconocibles para quienes los conocieron como cuando Rómulo apareció ante testigos después de su muerte pero tal y como el biógrafo Plutarco (c. 46-120 d. C.) explicó este incidente mientras que algo dentro de los humanos proviene de los dioses y retorna a ellos después de la muerte esto sucede «solo cuando está lo más completamente separado y liberado del cuerpo y se convierte en completamente puro sin carne y sin mancha». ​

N. T. Wright resume el concepto grecorromano así: «[e]l mundo antiguo estaba pues dividido en dos: quienes afirmaban que la resurrección no podía darse aun cuando tal vez lo hubiesen deseado y quienes decían que no deseaban que se diera sabiendo que de todos modos no podía ocurrir. [...] El mundo pagano suponía que (la resurrección) era imposible [...] La divinización no requería resurrección; se producía constantemente sin ella. Afectaba al alma no al cuerpo». ​


Importancia e interpretación en el cristianismo



Fundamento de la fe cristiana

En la teología cristiana la resurrección de Jesús es el fundamento de la fe cristiana (1 Corintios 15:12-20 1 Pedro 1:3). Los cristianos por la fe en el poder de Dios (Colosenses 2:12) son resucitados espiritualmente con Jesús y son redimidos para que puedan andar en una nueva forma de vida (Romanos 6:4). El apóstol Pablo señaló: «Y si Cristo no resucitó vana es entonces nuestra predicación vana es también vuestra fe» (1 Corintios 15:14). La muerte y la resurrección de Jesús son los acontecimientos más importantes en la teología cristiana. Ellos forman el punto en las Escrituras donde Jesús da su última demostración de que él tiene poder sobre la vida y la muerte por lo que tiene la capacidad de dar a la gente la vida eterna. Terry Miethe un filósofo cristiano de la universidad de Oxford indicó: «‹¿Resucitó Jesús de entre los muertos?› es la cuestión más importante en cuanto a las afirmaciones de la fe cristiana». De acuerdo con la Biblia «Dios lo resucitó de entre los muertos» ascendió al cielo a la «diestra de Dios» y volverá de nuevo (Hechos 1:9-11) para cumplir el resto de las profecías mesiánicas tales como la resurrección de los muertos el juicio final y el establecimiento del Reino de Dios (mesianismo y Era Mesiánica).

Algunos eruditos modernos usan la creencia de los seguidores de Jesús en la resurrección como un punto de partida para establecer la continuidad del Jesús histórico y la proclamación de la iglesia primitiva. Carl Jung sugirió que el relato de la crucifixión a la resurrección era el contundente símbolo espiritual de literalmente Dios-como-Yahweh convirtiéndose en Dios-como-Job.

Pablo escribió que: «Porque si no hay resurrección de muertos tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó vana es entonces nuestra predicación vana es también vuestra fe. [...] y si Cristo no resucitó vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados» (1 Corintios 15:13-14 17). Muchos estudiosos señalan que en la discusión sobre la resurrección el apóstol Pablo se refiere a la transmisión de estilo rabínico de una tradición temprana autoritativa que recibió y pasó a la iglesia de Corinto. Por esta y otras razones se cree que este credo es de origen pre-paulino. Geza Vermes escribe que el credo es «una tradición que él [Pablo] ha heredado de sus mayores en la fe en relación con la muerte sepultura y resurrección de Jesús». La antigüedad del credo ha sido localizada por muchos estudiosos de la Biblia a menos de una década después de la muerte de Jesús proveniente de la comunidad apostólica de Jerusalén. Paul Barnett escribe que esta fórmula entre otras era una variante de «una tradición temprana básica que Pablo ‹recibió› en Damasco de Ananías aproximadamente en el 34 [d.C.]» después de su conversión.

Pablo luego pasa a decir:

Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren también en Cristo todos serán vivificados.
—1 Corintios 15:20-22
Los puntos de vista de Pablo iban en contra del pensamiento de los filósofos griegos para quienes una resurrección corporal significaba una nueva prisión en un cuerpo físico que era lo que ellos querían evitar; dado que para ellos lo corpóreo y lo material inmovilizaban al espíritu. Al mismo tiempo Pablo creía que el cuerpo recién resucitado sería un cuerpo celestial; inmortal glorificado potente y espiritual en contraste con el cuerpo terrenal que es mortal deshonrado débil y natural. De acuerdo con el teólogo Peter Carnley la resurrección de Jesús fue diferente de la resurrección de Lázaro: «En el caso de Lázaro la piedra fue removida para que pudiera salir [...] el Cristo resucitado no necesita que la piedra sea removida porque él se transforma y puede aparecer en cualquier lugar en cualquier momento».

Según el estudioso Thorwald Lorenzen la primera Pascua llevó a un cambio en el énfasis de la fe «en Dios» a la «fe en Cristo». Hoy en día Lorenzen encuentra «un extraño silencio acerca de la resurrección en muchos púlpitos». Él escribe que entre algunos cristianos ministros y profesores la resurrección parece haberse convertido en «motivo de vergüenza o asunto de la apologética». Se argumenta que muchos cristianos descuidan la resurrección debido a su comprensible preocupación por la Cruz. Sin embargo la creencia en la resurrección física de Jesús sigue siendo la doctrina más aceptada por los cristianos de todos los trasfondos denominacionales.


Origen del cristianismo: la primera ekklēsia

La creencia en la resurrección de los primeros seguidores de Jesús formó la proclamación de la primera ekklēsia. ​ ​ Las apariciones reforzaron el impacto que Jesús y su ministerio tuvieron en sus primeros seguidores ​ e su interpretación dentro de un marco bíblico dio ímpetu a la devoción de Cristo ​ y la creencia en la exaltación de Jesús. ​ ​ La muerte de Jesús fue interpretada a la luz de las Escrituras como una muerte redentora siendo parte del plan de Dios. ​ Las apariciones también llevaron a la reanudación de la actividad misionera de los seguidores de Jesús. ​ ​ Pedro asumió inicialmente un papel de liderazgo en la primera ekklēsia (que formó después la base para la sucesión apostólica). ​ ​


La devoción a Cristo

Los escritos del Nuevo Testamento sostienen que la resurrección fue «el comienzo de su vida exaltada» ​[n. 8]​ como Cristo (Mesías) y Señor. ​ ​ Jesús es el «primogénito de los muertos» prōtotokos el primero en resucitar de entre los muertos y por lo tanto adquiere el "estatus especial del primogénito como hijo y heredero preeminente". ​ ​ Según Beale «‹primogénito› se refiere a la posición alta y privilegiada que Cristo tiene como resultado de la resurrección de los muertos [...] Cristo ha ganado una posición tan soberana sobre el cosmos no en el sentido de que es reconocido como el primer ser creado de toda la creación o como el origen de la creación sino en el sentido de que él es el inaugurador de la nueva creación por medio de su resurrección». ​

Hurtado señala que poco después de su muerte Jesús fue llamado Señor (Kyrios) lo que «lo asocia de manera asombrosa con Dios». ​ El término Señor reflejaba la creencia de que Dios había exaltado a Jesús a un estado divino «a la ‹diestra› de Dios». ​ La adoración a Dios (como se expresa en la frase «invocar el nombre del Señor [YHWH]») también se aplicó a Jesús invocando su nombre «en la adoración corporativa y en el patrón devocional más amplio de los creyentes cristianos (por ejemplo el bautismo exorcismo curación)». ​

Según Hurtado las poderosas experiencias religiosas fueron un factor indispensable en el surgimiento de la devoción a Cristo. ​[n. 9]​ Esas experiencias «parecen haber incluido visiones de (y/o ascensiones) al cielo de Dios en el que el Cristo glorificado fue visto en una posición exaltada» ​[n. 10]​ y fueron interpretadas en el marco de los propósitos redentores de Dios como se refleja en las Escrituras en una «interacción dinámica entre devotos la búsqueda en oración y la reflexión sobre textos bíblicos y continuas experiencias religiosas poderosas». ​ Esto inició un «nuevo patrón devocional sin precedentes en el monoteísmo judío» es decir la adoración de Jesús junto a Dios ​ dándole a Jesús un lugar central porque su ministerio y sus consecuencias tuvieron un fuerte impacto en sus primeros seguidores. ​ Las revelaciones (incluidas esas visiones) pero también las expresiones inspiradas y espontáneas y la «exégesis carismática» de las escrituras judías los convencieron de que esta devoción fue ordenada por Dios. ​

Ehrman señala que tanto Jesús como sus primeros seguidores eran judíos apocalípticos que creían en la resurrección corporal que comenzaría cuando se acercara la venida del Reino de Dios. ​ Según Ehrman «la creencia de los discípulos en la resurrección se basó en experiencias visionarias» ​ argumentando que las visiones generalmente tienen un fuerte poder de persuasión pero también señalando que los relatos evangélicos registran una tradición de dudas sobre las apariciones de Jesús. La «sugerencia tentativa» de Ehrman es que solo unos pocos seguidores tuvieron visiones incluidos Pedro Pablo y María Magdalena. Le contaron a otros acerca de esas visiones convenciendo a la mayoría de sus asociados cercanos de que Jesús resucitó de entre los muertos pero no a todos.[n. 11]​ Finalmente estas historias fueron contadas y adornadas lo que llevó a la historia de que todos los discípulos habían visto al Jesús resucitado. ​ La creencia en la resurrección de Jesús cambió radicalmente sus percepciones concluyendo por su ausencia que debe haber sido exaltado al cielo por Dios mismo exaltándolo a un estado y autoridad sin precedentes. ​


La cristología primitiva

Durante varias décadas se ha argumentado los escritos del Nuevo Testamento contienen dos cristologías diferentes a saber una cristología «baja» o «adopcionista» y una cristología «alta» o «de la encarnación». ​ La «cristología baja» o «cristología adopcionista» es la creencia «de que Dios exaltó a Jesús para ser su Hijo al resucitarlo de la muerte» ​ lo que lo elevó al «estado divino». ​ La otra cristología temprana es la «cristología alta» que es «la opinión de que Jesús era un ser divino preexistente que se hizo humano hizo la voluntad del Padre en la tierra y luego fue llevado de regreso al cielo de donde él originalmente había venido». ​ ​ La cronología del desarrollo de estas primeras cristologías es un tema de debate dentro de la erudición contemporánea. ​ ​ ​ ​

De acuerdo con el «modelo evolutivo» ​ o «teorías evolutivas» ​ (propuesto por Bousset y seguido por Brown) la comprensión cristológica de Cristo se desarrolló con el tiempo desde una cristología baja a una cristología alta ​ ​ ​ como se atestigua en los Evangelios. ​ Según el modelo evolutivo los primeros cristianos creían que Jesús era un ser humano exaltado adoptado como Hijo de Dios ​ ​ ​ cuando fue resucitado ​ ​ señalando la cercanía del Reino de Dios que todos los muertos resucitarían y que los justos serían exaltados. ​ Las creencias posteriores desplazaron la exaltación a su bautismo nacimiento y posteriormente a la idea de su existencia eterna como lo atestigua el Evangelio de Juan. ​ Marcos cambió el momento de cuando Jesús se convirtió en el Hijo al bautismo de Jesús y más tarde Mateo y Lucas lo cambiaron al momento de la concepción divina y finalmente Juan declaró que Jesús había existido con Dios desde el principio: «En el principio era el Verbo». ​

Desde la década de 1970 las fechas tardías para el desarrollo de una «cristología alta» han sido impugnadas ​ y la mayoría de los estudiosos argumentan que esta «cristología alta» ya existía antes de los escritos de Pablo. ​ Esta «cristología de la encarnación» o «cristología alta» no evolucionó durante mucho tiempo sino que fue un «gran estallido» de ideas que ya estaban presentes al comienzo del cristianismo y tomó forma en las primeras décadas de la iglesia como se atestigua en los escritos de Pablo. ​ ​ ​ ​

Según Ehrman estas dos cristologías existieron una al lado de la otra describiendo a la «cristología baja» como una «cristología adopcionista» y la «cristología alta» como una «cristología de la encarnación». ​ Si bien el adopcionismo fue declarado herejía a fines del siglo II ​ ​ fue respetado por los ebionitas ​ quienes consideraban a Jesús como el Mesías mientras rechazaban su divinidad y su nacimiento virginal ​ e insistían en la necesidad de seguir la Ley y los ritos judíos. ​ Veneraron a Santiago el hermano de Jesús (el Justo); y rechazaron al apóstol Pablo como un apóstata de la Ley. ​ Mostraron fuertes similitudes con la primera forma de cristianismo judío y su teología específica puede haber sido una «reacción a la misión gentil libre de la Ley». ​


La muerte redentora de Jesús

La muerte de Jesús fue interpretada como una muerte redentora «por nuestros pecados» ​[n. 12]​ de acuerdo con el plan de Dios que figura en las escrituras judías. El significado radica en «el tema de la necesidad divina y el cumplimiento de las Escrituras» no en el énfasis paulino posterior en «la muerte de Jesús como sacrificio o expiación por nuestros pecados». ​ Para los primeros cristianos judíos «la idea de que la muerte del Mesías era un evento redentor necesario funcionó más como una explicación apologética de la crucifixión de Jesús» ​ «demostrando que la muerte de Jesús no fue una sorpresa para Dios». ​[n. 13]​


El llamado a la actividad misionera

Según Dunn las apariciones a los discípulos tienen «un sentido de obligación de dar a conocer la visión». ​ Helmut Koester señala que las historias de la resurrección fueron originalmente epifanías en las que los discípulos fueron llamados a un ministerio por un Jesús resucitado y en una etapa secundaria fueron interpretadas como prueba física del evento. Sostiene que los relatos más detallados de la resurrección también son secundarios y no provienen de fuentes históricamente confiables sino que pertenecen al género de los tipos narrativos. ​ El erudito bíblico Géza Vermes sostiene que la resurrección debe entenderse como un resurgimiento de la confianza en sí mismos de los seguidores de Jesús bajo la influencia del Espíritu «incitándolos a reanudar su misión apostólica». Sintieron la presencia de Jesús en sus propias acciones «resucitando hoy y mañana en los corazones de los hombres que lo aman y sienten que está cerca». ​[n. 14]​ Según Gerd Lüdemann Pedro convenció a los otros discípulos de que la resurrección de Jesús señalaba que el fin de los tiempos estaba cerca y que el Reino de Dios se acercaba cuando los muertos serían resucitados como lo demostró Jesús. Esto revitalizó a los discípulos comenzando su nueva misión. ​ ​ ​


El liderazgo de Pedro

Pedro afirmó enérgicamente que Jesús se le apareció ​ ​ y legitimado por la apariencia de Jesús asumió el liderazgo del grupo de seguidores tempranos formando la ekklēsia de Jerusalén mencionada por Pablo. ​ ​ Pronto fue eclipsado en este liderazgo por Santiago el Justo «el hermano del Señor» ​ ​ lo que puede explicar por qué los primeros textos contienen información escasa sobre Pedro. ​[n. 15]​ Según Gerd Lüdemann Pedro fue el primero que tuvo una visión de Jesús ​ señalando que Pedro y María Magdalena tuvieron experiencias de apariciones pero argumentando que la tradición de la aparición a María fue un desarrollo posterior y probablemente no fue la primera. ​[n. 11]​

Dentro del cristianismo proto-ortodoxo Pedro fue el primero a quien Jesús se apareció y por lo tanto el legítimo líder de la Iglesia. ​ La resurrección formó la base de la sucesión apostólica y el poder institucional de la ortodoxia como herederos de Pedro ​ describiéndole como «la roca» sobre la cual se construirá la iglesia. ​ Aunque los Evangelios y las epístolas de Pablo describen las apariciones a un mayor número de personas solo las apariciones a los Doce Apóstoles cuentan como autoridad principal y sucesión apostólica. ​


Pablo: la participación en Cristo

La aparición de Jesús a Pablo lo convenció de que Jesús era el Señor y Cristo resucitado quien lo comisionó para ser apóstol de los gentiles. ​ ​ ​ Según Newbigin «Pablo se presenta a sí mismo no como el maestro de una nueva teología sino como el mensajero encargado por la autoridad del Señor mismo de anunciar un nuevo hecho a saber: que en el ministerio la muerte y la resurrección de Jesús Dios ha actuado decisivamente para revelar y efectuar su propósito de redención para todo el mundo». ​ Las enseñanzas del apóstol Pablo forman un elemento clave de la tradición y teología cristiana: el origen de la teología de la resurrección. Para la teología paulina es fundamental la conexión entre la resurrección de Cristo y la redención. ​ Pablo explicó la importancia de la resurrección de Jesús como la causa y el fundamento de la esperanza de los cristianos de compartir una experiencia semejante. ​ En 1 Corintios 15:13–14 17 20–22 Pablo escribe:

Porque si no hay resurrección de muertos tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó vana es entonces nuestra predicación vana es también vuestra fe. [...] y si Cristo no resucitó vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. [...] Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren también en Cristo todos serán vivificados.
El kerygma de 1 Corintios 15:3 establece que «Cristo murió por nuestros pecados». El significado de ese kerygma es un tema de debate y abierto a múltiples interpretaciones. Tradicionalmente este kerygma se interpreta como el significado de que la muerte de Jesús fue una expiación o rescate por propiciación o expiación de la ira de Dios contra la humanidad a causa de sus pecados. Con la muerte de Jesús la humanidad fue liberada de esta ira. En la comprensión protestante clásica donde ha dominado la comprensión de los escritos de Pablo los humanos participan en esta salvación por la fe en Jesucristo; esta fe es una gracia dada por Dios y las personas son justificadas por Dios a través de Jesucristo y la fe en Él.

Estudios más recientes han planteado varias preocupaciones con respecto a estas interpretaciones. De acuerdo con E. P. Sanders quien inició la denominada Nueva Perspectiva sobre Pablo este vio a los fieles redimidos por su participación en la muerte y resurrección de Jesús. Aunque «la muerte de Jesús sustituyó a la de los demás y por lo tanto liberó a los creyentes del pecado y la culpa» una metáfora derivada de la «antigua teología del sacrificio» la esencia de los escritos de Pablo no está en los «términos legales» con respecto a la expiación del pecado sino en el acto de «participación en Cristo a través de morir y resucitar con él». Según Sanders «los que son bautizados en Cristo son bautizados en su muerte y así escapan del poder del pecado [...] murió para que los creyentes puedan morir con él y en consecuencia vivir con él». Así como los cristianos comparten la muerte de Jesús en el bautismo así compartirán su resurrección. James F. McGrath señala que Pablo «prefiere usar el lenguaje de la participación. Uno murió por todos de modo que todos murieron (2 Corintios 5:14). Esto no solo es diferente de la sustitución sino todo lo contrario».

Pablo insiste en que la salvación es recibida por la gracia de Dios; según Sanders esta insistencia está en línea con el judaísmo de c. 200 a. C. a 200 d. C. que vio el pacto de Dios con Israel como un acto de gracia de Dios. La observancia de la Ley es necesaria para mantener el pacto pero el pacto no se gana al observar la Ley sino por la gracia de Dios.


Los Padres de la Iglesia: la expiación

Los Padres Apostólicos discutieron sobre la muerte y resurrección de Jesús incluyendo a Ignacio de Antioquía (50-115) Policarpo de Esmirna (69-155) y Justino Mártir (100-165). La comprensión de la patrística griega de la muerte y resurrección de Jesús como una expiación es el «paradigma clásico» dentro los Padres de la Iglesia que desarrollaron los temas encontrados en el Nuevo Testamento.

Durante los primeros mil años del cristianismo la teoría redimitoria (del rescate) de la expiación fue la metáfora dominante tanto en el cristianismo oriental como occidental hasta que fue reemplazada en Occidente por la teoría satisfactoria de la expiación de Anselmo de Canterbury. La teoría redimitoria de la expiación señala que Cristo liberó a la humanidad de la esclavitud al pecado y a Satanás y por lo tanto a la muerte al dar su propia vida como sacrificio de rescate a Satanás intercambiando la vida del perfecto (Jesús) por las vidas de los imperfectos (humanos). Implica la idea de que Dios engañó al diablo y que Satanás (o la muerte) tenía «derechos legítimos» sobre las almas pecaminosas en la otra vida debido a la caída del hombre y el pecado heredado.

La teoría redimitoria primero fue claramente enunciada por Ireneo de Lyon (c. 130–c. 202) quien fue un crítico abierto del gnosticismo pero tomó prestadas ideas de su cosmovisión dualista. En esta cosmovisión la humanidad está bajo el poder del Demiurgo un Dios menor que ha creado el mundo. Sin embargo los humanos tienen una chispa de la verdadera naturaleza divina dentro de ellos que puede ser liberada por la gnosis (conocimiento) de esta chispa divina. Este conocimiento es revelado por el Logos «la mente misma del Dios supremo» quien entró al mundo en la persona de Jesús. Sin embargo el Logos no pudo simplemente deshacer el poder del Demiurgo y tuvo que ocultar su verdadera identidad apareciendo como una forma física engañando al Demiurgo y liberando a la humanidad. En los escritos de Ireneo el Demiurgo es reemplazado por el diablo mientras que Justino Mártir ya había igualado a Jesús y al Logos.

Orígenes (184-253) introdujo la idea de que el diablo tenía derechos legítimos sobre los humanos quienes fueron comprados gratuitamente por la sangre de Cristo. También introdujo la noción de que el diablo fue engañado al pensar que podía dominar el alma humana.


Antigüedad tardía e inicio de la Edad Media

Después de la conversión de Constantino y el Edicto de Milán en 313 los concilios ecuménicos de los siglos IV V y VI se centraron en la cristología lo que ayudó a dar forma a la comprensión cristiana de la naturaleza redentora de la Resurrección e influyó en el desarrollo de su iconografía y su uso dentro de la liturgia.

La creencia en la resurrección corporal fue una nota constante de la iglesia cristiana en la antigüedad. Agustín de Hipona la aceptó en el momento de su conversión en 386. Agustín defendió la resurrección y argumentó que dado que Cristo ha resucitado existe la resurrección de los muertos. Por otra parte sostuvo que la muerte y resurrección de Jesús ocurrieron para la salvación del hombre diciendo: «para lograr la resurrección de cada uno de nosotros el Salvador pagó con su propia vida y él antepuso y propuso su resurrección una vez y solo una vez a modo de sacramento y a modo de modelo».

La teología de Teodoro de Mopsuestia (siglo V) proporciona una profundización en el desarrollo de la comprensión cristiana de la naturaleza redentora de la Resurrección. El papel crucial de los sacramentos en la mediación de la salvación tuvo gran aceptación en el momento. En la representación eucarística de Teodoro los elementos salvíficos y de sacrificio se combinan en el «Aquel que nos ha salvado y nos ha liberado por el sacrificio de sí mismo». Para Teodoro el rito eucarístico se orienta hacia el triunfo provocado por la resurrección sobre el poder de la muerte.

El énfasis en el carácter salvífico de la Resurrección continuó en la teología cristiana en los siglos siguientes por ejemplo en el siglo VII Juan Damasceno escribió que: «Cuando él liberó a los que estaban presos desde el principio de los tiempos Cristo volvió de nuevo de entre los muertos habiendo abierto para nosotros el camino a la resurrección» y la iconografía cristiana de los años subsiguientes representó ese concepto.


Interpretación contemporánea

Lorenzen señala «un extraño silencio sobre la resurrección en muchos púlpitos»; señala que entre algunos cristianos (líderes y maestros) la resurrección parece haberse convertido en «una causa de vergüenza o un tema de la apologética». Según Warnock muchos cristianos descuidan la resurrección debido a su énfasis (comprensible) en la cruz.

Véase también



Reliquias


La resurrección de Jesús es desde hace mucho tiempo el centro de la fe cristiana y aparece dentro de diversos elementos de la tradición cristiana desde fiestas representaciones artísticas y reliquias religiosas. En las enseñanzas cristianas los sacramentos reciben su poder salvífico de la pasión y resurrección de Cristo sobre la cual la salvación del mundo depende por completo.

Un ejemplo del entrecruzamiento de las enseñanzas sobre la resurrección con las reliquias cristianas es la aplicación del concepto de «formación de la imagen milagrosa» en el momento de la resurrección en el Sudario de Turín. Autores cristianos han declarado la creencia de que el cuerpo alrededor del cual se envuelve la cubierta no era meramente humano sino divino y que la imagen en el sudario se produjo milagrosamente en el momento de la resurrección. Citando la declaración de Pablo VI: «[El sudario es] el maravilloso documento de la pasión muerte y resurrección escrito para nosotros con letras de sangre»; el autor Antonio Cassanelli sostiene que el sudario es un deliberado registro divino de las cinco etapas de la Pasión de Cristo y creado en el momento de la resurrección.


Los registros bíblicos


De acuerdo con el Nuevo Testamento Jesús fue resucitado por Dios [n. 1]​ ascendió al cielo a la «diestra de Dios» [n. 2]​ y volverá de nuevo para cumplir el resto de la profecía mesiánica como la resurrección de los muertos el Juicio Final y el establecimiento del Reino de Dios.

Los escritos en el Nuevo Testamento no contienen ninguna descripción del momento de la resurrección en sí sino más bien dos tipos de descripciones de testigos presenciales: apariciones de Jesús a varias personas y relatos de ver la tumba vacía.


Fondo

La historia de la resurrección aparece en más de cinco lugares en la Biblia. En varios episodios en los cuatro Evangelios Jesús anuncia su subsiguiente muerte y resurrección que él afirma es el plan de Dios Padre. ​ Los cristianos consideran a la resurrección de Jesús como parte del plan de la salvación y la redención mediante la expiación del pecado del hombre. ​ La creencia en una resurrección corporal de los muertos llegó a ser bien establecida dentro de algunos sectores de la sociedad judía en los siglos previos a la época de Cristo según lo registrado por Daniel 12:2 de mediados del siglo II a. C.: «Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua». Josefo en el siglo I da la siguiente generalización: «Los fariseos creen en la resurrección de los muertos y los saduceos no». ​ Los saduceos líderes religiosos políticamente poderosos rechazaron la otra vida los ángeles y los demonios así como ley oral de los fariseos. Los fariseos cuyos puntos de vis
 


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